Ante este escenario, Franco Gagliardo, titular de la firma Obring y miembro de la Cámara Argentina de la Construcción, señaló en diálogo con Radio 2 que estas viviendas industrializadas ofrecen una alternativa interesante para usos específicos, como campamentos mineros, desarrollos en zonas remotas o proyectos que requieren rapidez de ejecución.
Sin embargo, fue contundente al afirmar que no representan una amenaza para la construcción convencional, sino que ambos sistemas tenderán a coexistir. Para Gagliardo, el verdadero desafío del sector no pasa por resistir la llegada de estos productos, sino por reconvertirse y adoptar nuevas tecnologías que permitan elevar su competitividad.
El empresario también advirtió que la presencia de proveedores chinos ya empieza a presionar los precios de las viviendas industrializadas fabricadas en Argentina, y confirmó que cada vez son más los desarrolladores privados que importan desde el gigante asiático insumos como puertas, sanitarios y griferías, seducidos por el equilibrio entre calidad y costo que ofrecen esos productos.
