Victoria Villarruel, Nicolás Posse, Diana Mondino, Guillermo Francos, José Luis Espert, entre otros de una larga lista, pueden dar cuenta de que una expresión de apoyo de Milei no es, en absoluto, una garantía de supervivencia política.
En algunas ocasiones, las salidas del equipo de gobierno han sido parte de una venganza contra algún sector -como cuando el entonces director de AFIP, Osvaldo Giordano, fue echado como castigo indirecto a su esposa, la diputada Alejandra Torres, por no dar su apoyo a la primera versión de la ley Bases-.
En otros casos, hubo sospechas de traición, como es notoriamente la situación de la vicepresidente Villarruel. También hubo situaciones de recambios de funcionarios en las que se buscó saldar disputas internas en el partido de gobierno o mejorar la situación con aliados.
Pero acaso el caso más paradigmático sea el del ex diputado Espert, elegido para encabezar la lista de candidatos en la crucial batalla electoral por la provincia de Buenos Aires. Espert era acusado de ser asociado de Fred Machado, un empresario argentino preso por narcotráfico y con pedido de extradición a Estados Unidos. Machado había donado u$s200 mil a la campaña de Espert, cuando en 2019 se postuló a la presidencia.
Milei, que había apoyado enfáticamente a Espert y hablaba sobre operaciones mediáticas para perjudicar las chances electorales del gobierno, no tuvo inconveniente en aceptar la "renuncia" del candidato y buscar un sustituto de urgencia.
El presidente justificó la decisión con el argumento de que no podía permitir que "una operación maliciosa" pusiera en riesgo el proceso de reformas. Es decir, el mismo argumento con el que antes había apoyado a Espert fue la justificación para sacarlo de la lista.