La iniciativa forma parte de los nuevos lineamientos estratégicos para 2030 que el consejo de administración presentó el miércoles y que serán debatidos el próximo 9 de julio en el consejo de supervisión. Según la información filtrada, las plantas afectadas por eventuales cierres a mediano plazo serían Hannover, Zwickau y Emden, pertenecientes a la marca Volkswagen, y la fábrica de Audi en Neckarsulm. La empresa, consultada al respecto, evitó comentar sobre «documentos internos confidenciales» y se limitó a señalar que los temas serán tratados en los comités correspondientes, al tiempo que recordó que el sector vive «una profunda transformación» y que el modelo tradicional de desarrollar vehículos en Alemania, producirlos en Europa y exportarlos al mundo «ya no funciona» para todas sus marcas.
Hasta ahora, Volkswagen había anunciado en la presentación de sus resultados anuales de 2025 un recorte de 50.000 empleos en Alemania hacia 2030, cifra que ya superaba los 35.000 acordados con el sindicato IG Metall en diciembre de 2024, cuando se garantizó la continuidad de todas las plantas germanas. Con unos 657.000 trabajadores en el mundo, según datos de Bloomberg, el nuevo plan implicaría un ajuste sin precedentes en la historia de la compañía.
La respuesta del sindicato y del comité de empresa no se hizo esperar. En un duro comunicado conjunto, calificaron los planes como «ataques irresponsables» contra la legislación laboral, el sistema de cogestión alemán y los centros de trabajo, y advirtieron que harán «todo lo que esté en su mano» para impedir que avancen. Denunciaron, además, que la empresa actúa «de forma precipitada y sin rumbo», y le exigieron que se concentre en desarrollar productos y tecnologías competitivas en lugar de recortar empleo.
El contexto que empuja a Volkswagen a esta decisión es complejo. La firma ha sufrido el embate de la competencia china en el gigante asiático, donde cayó del primer al tercer puesto en ventas, superada por BYD y Geely. También enfrenta dificultades en Europa, donde los fabricantes asiáticos ganan terreno pese a los aranceles impuestos por la UE a los vehículos eléctricos de origen chino —y donde se especula con una futura extensión de esos gravámenes a los híbridos enchufables—. A esto se suma el impacto de los aranceles estadounidenses al automóvil europeo, que golpean directamente a Alemania, el mayor vendedor de coches al mercado norteamericano.
Volkswagen justificó la reestructuración como un paso necesario para «mantener el éxito» en un escenario adverso, lo que exige —según sus palabras— «mayor precisión, disciplina en costes e inversiones, eficiencia y agilidad en toda la empresa». La compañía asegura que ha trabajado intensamente en un plan futuro para aprovechar sinergias tecnológicas y optimizar procesos, especialmente en el desarrollo de nuevas tecnologías y en su cartera de modelos. Pero los representantes de los trabajadores insisten en que el camino no es el recorte desmedido, sino una gestión más enfocada en la innovación y en el fortalecimiento de las estructuras del grupo
