El episodio tuvo como protagonista al buque británico HMS Medway y generó cuestionamientos políticos por tratarse de una embarcación del Reino Unido, un país con el que Argentina mantiene una disputa de soberanía por las Islas Malvinas. Más allá de la discusión diplomática, el caso volvió a poner bajo análisis una cuestión central: cómo se dividen los espacios marítimos y qué derechos tiene Argentina en cada uno de ellos.
Para Mariana Altieri, doctora en Estrategia y Geopolítica, hablar de “aguas argentinas” puede generar confusión porque no se trata de un único espacio con las mismas reglas. “La soberanía argentina, cuando hablamos del territorio nacional, es terrestre como marítima, y también aérea”, explicó, y señaló que la diferencia con el territorio continental es que en el mar existen distintas categorías con diferentes niveles de autoridad.
Dentro de esas categorías, el primer espacio es el mar territorial, que se extiende hasta las 12 millas náuticas desde la costa. Allí Argentina ejerce soberanía plena, con capacidad para aplicar sus leyes, controlar actividades y proteger sus recursos. En esa zona, el Estado tiene autoridad sobre el lecho marino, el subsuelo, la columna de agua y el espacio aéreo, aunque existe una excepción, que es el derecho de paso inocente para embarcaciones extranjeras.
“Nosotros no podemos prohibir que un buque extranjero navegue por nuestro mar territorial, pero sí podemos prohibirle desembarcar, por ejemplo, o ingresar en las aguas interiores, en un puerto, en el estuario del Río de la Plata o en uno de nuestros ríos”, señaló la especialista.
"No podemos prohibir que un buque extranjero navegue por nuestro mar territorial, pero sí podemos prohibirle desembarcar", destacó Mariana Altieri, doctora en Estrategia y Geopolítica
Ese principio significa que un barco extranjero puede atravesar esa zona siempre que su navegación sea pacífica y no implique una amenaza para el Estado costero. En el caso de los buques militares, la interpretación puede volverse más sensible por el tipo de actividad que realizan y por el contexto político en el que se produce el movimiento.
Más allá del mar territorial, el derecho internacional establece otra franja con un régimen jurídico diferente. "Después tenemos lo que se denomina zona contigua, que se extiende desde las 12 hasta las 24 millas náuticas. Allí no existe soberanía, pero sí facultades de control aduanero, fiscal, migratorio y sanitario", detalló Altieri.
La Zona Económica Exclusiva (ZEE) constituye otro de los espacios marítimos definidos por el derecho internacional y tiene un régimen distinto al del mar territorial y la zona contigua. "La ZEE se extiende desde las 24 hasta las 200 millas náuticas. Allí no tenemos soberanía, entendida en sentido estricto, pero sí lo que se conoce como derechos de soberanía: derecho exclusivo a la explotación de los recursos naturales, tanto vivos como no vivos", explicó Altieri.
Por eso, la presencia de un buque extranjero en esa zona no implica automáticamente una violación de soberanía. La diferencia está en qué actividad realiza y en qué espacio marítimo se encuentra. En este punto aparece una de las claves del caso con el buque británico, la dimensión política. Para Ezequiel Magnani, doctor en Relaciones Internacionales, un episodio de estas características no puede analizarse separado del conflicto histórico entre Argentina y Reino Unido por las Islas Malvinas.
“El paso de un buque de guerra británico por aguas bajo jurisdicción argentina debe ser analizado como un accionar hostil dado el conflicto de soberanía que la Argentina mantiene con el Reino Unido. Ese tipo de acciones debe ser interpretado como una señal política”, sostuvo.
Magnani sostuvo que el conflicto de soberanía entre Argentina y el Reino Unido es el principal marco para analizar este tipo de movimientos militares. "La cuestión Malvinas es central para interpretar la presencia de buques militares en el Atlántico Sur porque constituye el trasfondo de la dinámica de seguridad internacional y de defensa que existe en el Atlántico Sur occidental", afirmó.
"La cuestión Malvinas es central para interpretar la presencia de buques militares en el Atlántico Sur", resaltó Ezequiel Magnani, doctor en Relaciones Internacionales
El especialista explicó que la disputa no se limita al territorio insular, sino que también abarca los espacios marítimos y los recursos vinculados a ellos, un aspecto que amplía el alcance del conflicto más allá de las Islas Malvinas. "Para Argentina, el Atlántico Sur constituye un espacio de enorme relevancia desde el punto de vista estratégico y de la defensa. Para el Reino Unido, en cambio, la ocupación de las Islas Malvinas representa una posición geopolítica muy favorable", señaló Magnani.
Más allá del plano diplomático y jurídico, la vigilancia de los espacios marítimos plantea un desafío operativo para el Estado. La extensión del mar bajo jurisdicción argentina exige una capacidad de monitoreo y fiscalización que depende de los recursos disponibles.
En ese sentido, Altieri advirtió que la dimensión del área a cubrir supera la capacidad actual de vigilancia de las fuerzas encargadas de esa tarea. "Existe una clara desproporción entre los medios disponibles y la enorme extensión de nuestro espacio marítimo. No contamos con una cantidad suficiente de patrulleros oceánicos y la magnitud del área que debe cubrirse es enorme", explicó.
La soberanía marítima, entonces, no se limita a impedir el ingreso de embarcaciones extranjeras. También supone la capacidad de conocer, controlar y aprovechar los recursos existentes en los espacios donde Argentina ejerce derechos. "Cuando los grandes caladeros de pesca llegan a la milla 201, antes atravesaron nuestras aguas. Nosotros podríamos haber capturado esos recursos antes de que salieran de nuestra jurisdicción económica", señaló Altieri.
Para la especialista, el desafío no pasa únicamente por controlar lo que ocurre más allá de las 200 millas, sino también por fortalecer las capacidades nacionales para aprovechar esos recursos.