La Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias, según su nombre formal, está integrada por la Sociedad Rural Argentina (SRA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Federación Agraria Argentina (FAA) y la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (Coninagro). Juntas funcionan como un espacio de coordinación para plantear posiciones comunes frente a los gobiernos, aunque puertas adentro deben convivir con diferencias vinculadas a los sectores que representan y a sus propias trayectorias.


Para Andrea Sarnari, presidenta de la FAA, esa diversidad no es una debilidad, sino una característica central de la organización. “El rol que tiene hoy la Mesa de Enlace es el de mesa de diálogo entre cuatro entidades que representamos la diversidad del campo argentino. Buscamos, justamente, ser una herramienta diversa pero con el claro convencimiento de que aquellos temas que son transversales y hacen al desarrollo del país podamos ponerlos en agenda pública”, explicó a El Auditor.info.


La dirigente destacó que la construcción interna se basa en acuerdos entre entidades con identidades propias. “Somos claramente un ámbito de incidencia y de propuestas, porque trabajamos mucho por el diálogo y los consensos”, sostuvo.


Punto de inflexión


El momento que transformó a la Mesa de Enlace en un actor político de peso ocurrió en 2008, durante el conflicto por la Resolución 125, una medida que modificaba el esquema de retenciones a las exportaciones de granos. La decisión del Gobierno nacional que encabezaba Cristina Fernández de Kirchner generó una fuerte reacción entre productores y llevó a que las cuatro entidades unieran fuerzas para enfrentar la política oficial.


A partir de ese episodio, la Mesa dejó de ser solamente un ámbito de encuentro entre organizaciones rurales y pasó a ocupar un lugar central en la discusión pública. Su capacidad para convocar productores, instalar temas en la agenda nacional y negociar con funcionarios la convirtió en uno de los principales nombres asociados a la representación del agro.


Ese proceso, según el analista político y consultor Manuel Font, fue un punto de inflexión para la organización. “Durante la situación de crisis de 2008, la Mesa logró construir un espacio que hasta ese momento no estaba consolidado. Fue un período muy crítico, en el que hubo mucha negociación interna entre distintos actores y sectores del agro hasta lograr conformar una representación común”, señaló.


El analista recordó que aquella etapa también tuvo una consecuencia política con la llegada de representantes vinculados al sector al Congreso. “Durante ese conflicto, la Mesa consiguió unificar una voz y luego una expresión política con el surgimiento de los llamados ‘agrodiputados’, a partir de la llegada al Congreso de ocho legisladores vinculados al sector agropecuario”, explicó.


Una por una, las cuatro entidades


Por un lado, la Sociedad Rural Argentina representa una tradición vinculada a los grandes establecimientos agropecuarios y a sectores empresariales del campo, con una fuerte presencia histórica en actividades como la ganadería. CRA, en cambio, tiene una estructura basada en entidades regionales y reúne a productores de distintas provincias, con una representación marcada por el territorio.


"Buscamos ser una herramienta diversa pero con el convencimiento de que aquellos temas que son transversales y hacen al desarrollo del país podamos ponerlos en agenda pública", dijo Andrea Sarnari, titular de la Federación Agraria


La Federación Agraria Argentina nació a comienzos del siglo XX vinculada a los reclamos de pequeños y medianos productores que buscaban mejores condiciones para trabajar la tierra. Su historia está asociada a la defensa de quienes tenían explotaciones de menor escala, aunque con el tiempo incorporó nuevos perfiles productivos. Coninagro, por su parte, tiene como eje al cooperativismo agropecuario y representa a productores organizados a través de cooperativas en diferentes cadenas de producción.


La existencia de perfiles distintos dentro de la Mesa hace que las posiciones comunes se definan a partir de instancias de consenso entre las cuatro organizaciones. Según Sarnari, “cada una de las entidades respeta a las otras con toda la institucionalidad, su historia, sus valores, sus formas, sus representados y sus intereses. Los acuerdos se construyen con mucho diálogo, con más propuestas, con miradas amplias pero con objetivos comunes”, afirmó.


Para Font, en cambio, esas diferencias internas siguen siendo uno de los factores que limitan la capacidad de la Mesa para transformarse en un actor con mayor influencia. “No estoy seguro de que se hayan consolidado como un interlocutor del campo frente al Estado”, planteó.


El analista consideró que, después del impulso logrado en 2008, la organización no terminó de desarrollar todo su potencial como espacio de representación. “La Mesa de Enlace podría haber funcionado como un respaldo para los legisladores vinculados al campo, aportando información, lineamientos y una mirada de mediano y largo plazo sobre las necesidades del sector. Sin embargo, eso no terminó ocurriendo”, explicó.


Otros roles


Con el paso del tiempo, el rol de la Mesa de Enlace fue cambiando. En sus primeros años de mayor exposición pública estuvo asociada principalmente a la protesta y a la presión política. Luego buscó consolidarse como un espacio de diálogo institucional, participando en reuniones con funcionarios y en negociaciones vinculadas a decisiones que afectan al sector, como impuestos, exportaciones, regulaciones y políticas productivas.


Desde la mirada de la actual conducción, esa evolución estuvo ligada a las necesidades del contexto. “Hemos ido aprendiendo todos a encontrar los beneficios de estar juntos cuando hay que ser interlocutor, proponer, acordar o simplemente incidir u oponerse a medidas, hechos o ideas que entendemos pueden ser perjudiciales para los productores y para el sector”, sostuvo Sarnani.


"El agro argentino todavía no logró construir un espacio que lo represente como un actor visible frente al conjunto de la sociedad", sostuvo el analista y consultor Manuel Font


Pero para Font, la influencia actual de la Mesa tiene límites. “Ocupa un lugar como de espacio de salvaguarda, más reactivo, que puede tener mucha capacidad de acción para responder frente a determinadas situaciones, pero no necesariamente una mayor influencia en términos proactivos”, analizó.


El analista consideró que la discusión sobre las políticas agropecuarias involucra a una gran variedad de organizaciones, además de la Mesa de Enlace. “Existen otros actores, de carácter más técnico, o cámaras industriales que representan distintos eslabones de la cadena de valor del sector, que tienen presencia más permanente en lugares como el Ministerio de Economía y otras áreas del Gobierno”, agregó.


Los desafíos


Uno de los desafíos actuales aparece frente a un nuevo escenario político marcado por una agenda de desregulación y una intención oficial de reducir la intervención estatal en la economía. Históricamente, las entidades agropecuarias reclamaron mayor libertad para producir y comercializar, pero la eliminación de ciertas reglas también plantea interrogantes sobre el impacto en los distintos tipos de productores.


Desde Federación Agraria, Sarnari se refirió a las prioridades que la entidad plantea en el actual contexto de reformas. “La relación con el Gobierno es buena; hay diálogo. Las prioridades frente a la desregulación hoy están dadas por sostener el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina como herramienta estratégica para la cadena de las carnes, la infraestructura que necesita atención, acción e inversión, y la baja de la presión impositiva”, explicó.


Además, remarcó temas específicos para los pequeños y medianos productores: “Para la Federación Agraria es prioridad en esa agenda la ley de tierras, la ley de arrendamientos rurales, las economías regionales y las cooperativas agropecuarias que sostienen el entramado productivo”, agregó.


Frente a este nuevo escenario, Font planteó que el desafío pasa por ampliar la representación y construir una mirada más integral. “El agro argentino todavía no logró construir un espacio que lo represente como un actor visible frente al conjunto de la sociedad. La percepción muchas veces se centra en los productores individuales, pero no necesariamente en el campo como una cadena de valor integrada”, sostuvo.