El estudio revela que el incremento no fue homogéneo: mientras los bienes de consumo se dispararon un 34,7% respecto de 2023, las importaciones de bienes intermedios cayeron un 17,8% y las de piezas y accesorios para bienes de capital se contrajeron un 21,6%.
En paralelo, la producción manufacturera local retrocedió un 12%, lo que evidencia una estrecha correlación entre la menor actividad fabril y la caída en la demanda de insumos productivos.
Los sectores más afectados por la avalancha importadora fueron los de electrodomésticos, baterías y lámparas —cuyas compras externas crecieron un 109,2% mientras su producción nacional se derrumbó un 56,1%— y el textil-confecciones, con un aumento del 86,3% en importaciones de prendas de vestir frente a una caída del 34% en la producción textil.
En alimentos y bebidas, las importaciones escalaron un 51,9% aun cuando la producción total del rubro cayó un 1,4%, con retrocesos especialmente pronunciados en bebidas (-15,9%) y carne vacuna (-13,3%).
Duplicación de importadoras
El informe también pone el foco en la duplicación de la cantidad de empresas importadoras: de 33.108 nuevas firmas que se sumaron a las compras externas, lo que representa un incremento del 100%. En rubros como prendas de vestir, el número de importadores creció un 175%, y en electrodomésticos un 127%. Además, el documento identifica a las principales empresas que lideran estas importaciones: Adidas, Zara (TAC Argentina), Whirlpool, Honda, Unilever, Nestlé y Swift, entre otras, muchas de las cuales ni siquiera importaban en 2023 y hoy figuran en los primeros puestos de sus respectivos rubros.
Desindustrialización en progreso
Por último, el trabajo del CEPA concluye señalando que, el actual patrón de crecimiento de las importaciones de bienes finales, en desmedro de los insumos productivos, profundiza el proceso de desindustrialización y sustituye producción local por productos elaborados en el exterior, con consecuencias directas sobre el empleo y la capacidad productiva del país.
