Durante el período analizado, desaparecieron 30.633 empleadores, lo que equivale a un promedio de 33,5 casos por día. El sector más golpeado en términos absolutos fue el comercio, con una pérdida de 8.408 empresas; mientras que en términos relativos, el rubro de «servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales» encabezó la caída con una retracción del 17,2% de sus empleadores.
En paralelo, se destruyeron 411.613 puestos de trabajo registrados en unidades productivas, una merma del 4,18% que representa 450 empleos perdidos por día. La industria manufacturera fue la más afectada en cifras absolutas, con 97.312 trabajadores menos, mientras que la construcción lideró la caída relativa con un desplome del 16,8% de su personal registrado. El sector de casas particulares, por su parte, perdió 30.133 puestos, casi 36 por día.
El informe también revela una marcada asimetría según el tamaño de las empresas. El 99,78% de los empleadores que desaparecieron corresponden a firmas de hasta 500 trabajadores (30.565 casos), mientras que las grandes empresas —de más de 501 empleados— apenas explican el 0,22% de las pérdidas en ese indicador (68 casos).
Sin embargo, en términos de puestos de trabajo, la expulsión de personal se concentró mayoritariamente en las grandes empresas: el 61,02% de los empleos perdidos (251.176) correspondió a firmas de más de 500 trabajadores, mientras que las compañías más pequeñas aportaron el 38,98% restante (160.437 puestos). En concreto, las grandes empresas redujeron su dotación de 4.782.973 a 4.531.797 empleados, mientras que las de hasta 500 trabajadores pasaron de 5.074.200 a 4.913.763
