Comparativamente, el cierre de la Fábrica Argentina de Textiles Elásticos (FATE) ubicada en Virreyes, en el norte del corazón del conurbano bonaerense, en la localidad de San Fernando, es el triple de la capacidad que podría emplear uno de los máximos anuncios de la industria minera conocidos esta semana.
Vicuña es una empresa conjunta entre BHP y Lundin Mining para los proyectos Josemaría de cobre en la provincia de San Juan y Filo del Sol de cobre, oro y plata en la misma provincia y la adyacente Región de Atacama, en Chile.
La inversión total a lo largo del tiempo se estima en US$ 18.000 millones, afirmaron desde la empresa y esperan que “Vicuña se ubique entre las cinco principales operaciones de cobre, oro y plata del mundo”, con una producción anual promedio durante los primeros 25 años completos de aproximadamente 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata.
Sin embargo, en materia de generación empleo, solo provocará la incorporación de 350 personas. Fate despidió directamente a 900 más las pymes que rodeaban esa planta, compuesta por cuentapropistas que vendían alimentos frescos a su alrededor y otros cientos vinculados con la industria textil que abastecía su indumentaria cotidiana.
La tensión por la subsistencia que se vive en el conurbano bonaerense sufre un arrastre de años. Sin embargo, tal cual lo remarcó en sus trabajos post electorales de 2023 y 2025 el consultor Luis Costa, “la gente volvió a votar como eran los usos y costumbres. Cuando ganó Milei lo hizo por el acompañamiento de los sectores tradicionalmente peronistas, con elecciones muy buenas en el Gran Buenos Aires. Dos años después, su voto fue idéntico al de Cambiemos y el macrismo, y los conurbanos o no votaron o votaron en mucho menor medida por el actual presidente”.
La idea del derrame es poco probable que tenga éxito en una población desgastada por pésimas experiencias pasadas y consecutivas, con miedo a lo nuevo porque solo se reduce a slogans y sofismas de un mundo que cree en la fuerza en lugar del acuerdo.
¿Se puede pensar por un momento que por el simple hecho de bajar la ley de imputabilidad los menores que delinquen lo dejarán de hacer? ¿Alguien en su sano juicio puede creerse la mentira de que los delincuentes pueden frenar su actividad porque la ley se lo prohíbe? Por eso son delincuentes. Porque no creen en la ley.
Al presidente Milei y a su principal fortaleza emocional, su hermana y “Jefe” Karina, los unen varias historias y costumbres, pero hay una que sobresale del resto de sus coincidencias. No tener hijos. “Si vos no tenés hijos, no pensás en el futuro. Es todo ya, inmediato. No medís las consecuencias de tus actos”, le confesó, días atrás, un estoico analista de las actividades sociales.
En los últimos dos años se cerraron 20.000 empresas con el consiguiente resabio laboral. Empresas emblemáticas como Lumilagro, Essen, Georgalos y ahora Fate pueden inscribirse en esta “destrucción creativa” de la que hablan Milei y sus ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger.
¿De verdad creen que cualquier persona puede desarraigarse de donde proyecto su vida para ir a buscar un desconocido futuro desde el conurbano hacia la cordillera? ¿Puede ser un trabajador acostumbrado a coser, manejar una matricería, conducir un camión, ir a una minera de cobre, oro o, en otro lugar, a producir gas y petróleo?
En la última charla que mantuvo este periodista con el analista internacional Andrés Malamud, éste decía algo contundente. Con su excepcional y precisa mirada, alejada de los humores sociales que suelen debatir lo urgente o lo personal, Malamud sostuvo que el fenómeno que se está produciendo en Argentina es de tal magnitud que la única certeza es que será doloroso. "Si tiene éxito, y hay muchas razones para que lo tenga, el resultado será un país más próspero y con oportunidades. Pero, en el mientras tanto, el dolor estará presente".
Pero, ¿qué pasa si el “aroma a desempleo”, por no transformarlo en un menos romántico “olor nauseabundo” o hedor, llega antes que el crecimiento prometido? La impericia del gobierno, que dramáticamente transfiere recursos del Estado, al desfinanciar el ANSES, y debilitar las condiciones laborales de los trabajadores, para que los empresarios “inviertan mejor”, deberá verse rápidamente. Sino, tal cual advierte Costa, “la gente suele sorprender con sus reacciones en los momentos menos pensados”.