Los testimonios de los manifestantes reflejaron una preocupación transversal: el miedo ya no distingue horarios ni zonas que históricamente se consideraban seguras. Una vecina del sector de Distrito Alem denunció que, además de los ruidos molestos que afectan la convivencia, el accionar de los «trapitos» y los robos constantes han convertido cualquier desplazamiento en una situación de riesgo.
Otros participantes señalaron que los hechos delictivos se repiten a diario y que la sensación de vulnerabilidad se extiende incluso a actividades cotidianas como sacar a pasear una mascota por la noche.
Pero el reclamo no se limitó a la labor policial. Durante la movilización, varios vecinos apuntaron contra el sistema judicial y la dirigencia política, al considerar que la impunidad es el combustible que alimenta la reiteración de los delitos. Un manifestante sintetizó el descontento general al afirmar que «los delincuentes entran por una puerta y salen por la otra», y cuestionó que existan intereses que impiden abordar de raíz el conflicto.
La protesta, que transcurrió sin incidentes, dejó un mensaje claro: los vecinos advirtieron que continuarán organizándose y visibilizando el reclamo hasta que la inseguridad deje de ser una constante en la ciudad. Mientras tanto, el miedo —sostienen— ya se ha adueñado de las calles marplatenses, transformando la vida en un estado de alerta permanente.
