el enfrentamiento entre un Perú centralista —con Lima como epicentro de riqueza, poder y representación— y un Perú periférico, compuesto por la sierra, el sur andino y las zonas rurales, que durante décadas han sido relegadas al papel de proveedoras de recursos, mano de obra y votos. Un afinado coro de voces, que incluye al magnate tecnológico Elon Musk —quien ya intervino en la política boliviana durante el golpe de 2019—, intentó desacreditar los resultados insinuando la existencia de fraude. El argumento: determinadas comunidades rurales registraron votaciones casi unánimes. Sin embargo, la acusación revela más prejuicios que evidencias.
Desde una mirada urbana y liberal, se presenta como anomalía aquello que forma parte de tradiciones políticas comunitarias largamente arraigadas en los Andes y en los pueblos indígenas. Lo que para algunos observadores constituye una sospecha, para muchas comunidades es simplemente una expresión colectiva de decisión política.
Una elección que trasciende fronteras
El contexto regional y geopolítico ha cambiado sustancialmente desde los comicios de 2021. América Latina atraviesa una etapa de repliegue de las fuerzas progresistas y de fortalecimiento de proyectos conservadores y de extrema derecha.
En ese escenario, una eventual victoria popular en Perú adquiere una relevancia que excede largamente las fronteras nacionales. No porque Sánchez represente una ruptura revolucionaria, sino porque cualquier triunfo de los sectores populares desafiaría la tendencia continental que en los últimos años ha favorecido a las derechas respaldadas por poderosos intereses económicos y geopolíticos.
La política real se construye en los territorios, no en las redes
El avance de Sánchez deja una enseñanza que interpela a buena parte de las izquierdas contemporáneas. Mientras numerosos analistas atribuyen un carácter casi absoluto a las redes sociales y a las campañas digitales, la campaña del candidato de Juntos por el Perú tuvo una presencia marginal en las plataformas digitales y apostó por el contacto directo, la organización local y la movilización comunitaria.
No se trata de negar la importancia de la disputa comunicacional en internet, sino de recordar que ninguna narrativa digital sustituye la existencia de tejido social organizado.
El Perú profundo sigue reclamando reconocimiento
Quizás por eso Perú continúa siendo un desafío para las categorías convencionales de la ciencia política. El país exhibe una proliferación de partidos sin representación efectiva, una inestabilidad institucional crónica y una sucesión de presidentes que difícilmente encajan en los modelos clásicos de gobernabilidad democrática.
Sin embargo, bajo esa superficie aparentemente caótica persiste un proceso político de largo aliento: el lento y contradictorio auto-reconocimiento de las mayorías populares, indígenas, campesinas y provincianas que históricamente han sido excluidas del proyecto nacional.
El problema indio
José Carlos Mariátegui sostenía que el problema del Perú era el problema del indio y que el problema del indio era el problema de la tierra. Un siglo después, aquella formulación conserva vigencia. El conflicto ya no se expresa únicamente en términos étnicos, sino también territoriales, económicos y culturales. El Perú profundo continúa reclamando reconocimiento, derechos y participación efectiva en la construcción de su destino colectivo.
Cualquiera sea el resultado definitivo de esta elección, el mensaje de las urnas ya resulta inocultable: las mayorías populares han regresado al centro de la escena política. Ignorarlas, como tantas veces ocurrió en el pasado, sería no solo un error estratégico, sino una nueva negación de la realidad nacional. (InfoGEI)
