Pero además está la granja de bots oficial que es un sistema encubierto y coordinado diseñado para controlar 48 de cuentas falsas en redes sociales de forma automatizada. Su objetivo principal es simular interacciones humanas masivas, con el controvertido uso de manipulación política y de contenidos que pueden utilizarse durante campañas electorales para instalar hashtags falsos, inflar la popularidad de un candidato, atacar a opositores, y distorsionar el debate público, creando una falsa sensación de consenso en temas como “el enduro de invierno”, el Plan Pinamar 2050, como ejemplos más significativos, simulando a través de estos perfiles un consenso que no es tal. Todo con su elaborado “sesgo de confirmación” que es la tendencia mental a buscar, interpretar y recordar con más facilidad aquella información que confirma aptitud en el Intendente, mientras ignoramos o restamos valor a las pruebas que las contradicen.
El Intendente Ibarguren no gestiona en favor de contribuyentes y vecinos y maneja un presupuesto de más de $ 82.000.000.000 el doble de Villa Gesell y el triple de General Madariaga, dilapidando el dinero público como si fuese su alcancía personal, su gestión no atiende las necesidades básicas de seguridad, educación, salud, turismo y especialmente cuidado del ambiente y se apoya en la tecnología suponiendo que con esas herramientas, que generan ingentes gastos para las arcas municipales, puede celebrar la ignorancia de no saber, no estudiar, no pensar, que deje de importar todo, creando una realidad ficticia como si los vecinos fueran ”raros” a los que se puede manipular con sus 48 perfiles falsos.
La realidad para Ibarguren que vive pendiente de la tecnología se transformó en un lujo que aplica en su gestión y piensa que con ello tiene un poder inmenso en influir sobre los demás apoyándose en plataformas para que los contribuyentes y vecinos no puedan distinguir lo verdadero de lo falso. La desinformación concluye siendo un arma decisiva en su visión.
Es la puesta en escena del mundo del revés donde la inoperancia le deja de dar vergüenza y supone que la manipulación puede generar aplausos.
Juan Ibarguren: nuestra sociedad puede sobrevivir incluso a esta farsa, porque si bien hay mucha gente que no sabe cosas, no se la puede subestimar. Dejar de informar la verdad y transformarla en mentiras tiene también consecuencias “virales”.
La herramienta del pensamiento crítico en cada contribuyente y vecino no debe apagarse y es de ignorantes pensar que aprendimos a celebrar mirando el teléfono celular. Cada persona decide y debe pensar por sí misma, es una llama que se enciende para evitar la sordera que se resiste a la mentira, y para que los charlatanes no sean quienes mejor la pasan, porque dejar que un algoritmo decida que noticias ves sin tener idea de lo que pasa es un peligro. Cuando hay ignorancia deja de ser solo un problema personal y cómo en este caso se convierte en un problema de poder. Moraleja: Debemos asumir que quien mejor manipula no es quien mejor razona y gestiona.